viernes, 29 de febrero de 2008

Sevilla

El fin de semana pasado Sevilla vino a visitarme.
Esta es la terraza donde murieron tantas horas.
Las paredes en realidad son blancas, pero yo las recuerdo así, porque ese año se me lleno de color la mirada.
Gracias Carlos por devolverme la fe en los encuentros y las sorpresas.
Me encantó verte entrar por esa puerta.

viernes, 1 de febrero de 2008

Belén Monumental II




Bien, pues después de sufrir la campaña navideña, se me ocurrió que por qué no mandar a toda esa masa informe de gente a darse un paseo por su ciudad.
Pero esta vez, en lugar de recorrer con los ojos cerrados la ruta de los visones y las boinas cogidos del brazo (calle Santiago-plaza mayor, ...), propongo un recorrido alternativo.
Da la casualidad que en Valladolid existe un barrio llamado Belén, y como a la masa le pirran los belenes...
Pues eso, a buen entendedor...

miércoles, 23 de enero de 2008

Belén monumental I





He pasado las Navidades trabajando en la Sala Municipal de Exposiciones de las Francesas. Aquí, en Valladolid. La exposición que custodiaba se llamaba Belén Monumental y consistía precisamente en un simpático portal de Belén (que de monumental no tenía mucho) con sus reyes magos, sus pastores, su señora que amasa pan, su río, su castillo del malo, su ángel...
Cada día, por la tarde sobre todo, se agolpaban cientos de personas a hacer una cola que en el mejor de los casos sólo llegaba hasta la mitad de la plaza en la que está situada la sala. Gente que esperaba, que hablaba, que se impacientaba, que me miraba de reojo para ver si conseguían que el auxiliar de sala, osea yo, tomara cartas en el asunto. Algunos eran más directos, ¡Niña, arrea a los de delante, que llevan media hora!. Estos últimos yo creo que me miraban a través de sus ojos furiosos y me veían con la vara y mi zurrón de pastor, tan ansiosos que estaban de contemplar el ansiado belén. Y yo me preguntaba que qué culpa tendría yo de que la gente decidiera pasar sus horas de ocio haciendo colas para ver un belén que por muy original que fuera (y éste no lo era) no podría distar mucho del del año pasado, y del pasado y del anterior.
Y así día tras día, siendo el indeseado lugar de destino de las quejas, de las prisas de algunas de esas personas que no querían otra cosa ni más ni menos sencilla que ver un belén. Coger a sus hijos en brazos y decirles, ¿Has visto como teje esa señora?, ¿has visto el agüita como corre?, ¿Has visto como se hace de noche?. Y nada más que eso, fácil, concreto.
Sin embargo , algo tan aparentemente liviano, se convertía en incómodo, pesado, desquiciante.
Y da qué pensar. Hace que reflexione sobre la raza humana, sobre nuestros comportamientos en sociedad, sobre el respeto que exigimos a los demás para con nosotros y sobre el que nosotros le dedicamaos al resto. Sobre porqué nos sentimos tan ofendidos cuando alguien nos pide, por favor, si pudiera avanzar... es que tiene que dar tiempo a que lo vea todo el mundo de la cola. Sobre lo fácil que nos resulta ver la paja en el ojo ajeno y lo dificil que es ver la viga en el propio. Sobre cómo estamos seguros de que los demás lo hacen mal y yo bien.
Y sobre todo, hace que piense en que no somos tan diferentes a esas ovejitas que pacían inmóviles en el musgo artificial, justo al lado de la señora que amasa el pan.