Este invierno fue hostil.
Mi relación con Ella (Barcelona) lo era. Apenas nos hablábamos sino para discutir, para quejarnos, para recriminarnos, para echarnos cosas en cara. Nos dimos la espalda y encerrada en mi casa me dediqué a tejer. Tejí una manta interminable igual que Tita en Como agua para chocolate de Laura Esquivel, y ella (la manta) era la única que parecía recibir mis tensiones. Cada punto de lana unos dos segundos, y cada dos segundos un pensamiento. Y pensando y pensando la manta creció y creció.
Hoy día me abriga cada noche, y para mí no hay mejor retrato de mi invierno junto a Ella.
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