Vengo de dar el mejor paseo en bici de mi vida.
Tenía que hacerme el dni a las 12 y cuarto. Elegí la oficina de policía de las Delicias. Casi todo el mundo elige la otra, pero a mi me encanta ese barrio. Cuando he salido de la comisaría tenía de todo menos ganas de volver a casa, así que he cogido la calle y me la he guardado en la cesta de la bici y he dejado que ella me dijera por donde torcer.
Sin despegar el culo del sillín de Chicle (así se llama mi bici, una reliquia que llevaba mi abuela Carmen por el pueblo) he recorrido plazas con columpios y calles con camiones en doble fila. Me he acordado de cuando mi amigo Juancho me contó que él de pequeño cogía la bici y se iba a recorrer los barrios así, sin más.
No se si he sido yo, la bici o el sol de invierno que me ha recordado a mi infancia, pero he acabado en mi barrio, en mi antiguo barrio.
He pasado por la plaza Semprun. Me he acordado de Irene. Del primer año de facultad en Salamanca, de su twingo azul. De la autoescuela donde se sacó el carnet, justo debajo de su casa. Del día que hicimos la comunión y del día que nos reencontramos en la residencia. Ahí estaba sentada en el comedor. “yo soy de Valladolid” “¡Yo también!”.
He pasado por la iglesia de la Milagrosa. Por la puerta por la que se entraba misa y por la puerta lateral, por donde entrabamos a catequesis. Me he visto subida a los bancos de la entrada, jugando a ver quién saltaba más lejos. Y a mi madre los viernes por la tarde yendome a buscar con el bocata de queso con membrillo.
He pasado por las plazas gemelas que hay detrás de lo que era mi casa. Hubo un verano que siempre estaba en una de ellas con Oscar.
He pasado por la puerta de la que era mi peluquería, mi videoclub, mi papelería que ahora es otra peluquería, mi guardería, la tienda de telas donde mi madre daba un curso de corte y confección, la tienda de congelados donde compraba la nata para las fresas, la carnicería, la pastelería donde compraba mi padre todos los domingos un ocho blanco para mi y un triangulo de cabello de ángel para mi hermana…
He visto el patio de detrás de mi casa, que ahora mas que un patio parece una selva. Allí descansan en paz las tortugas de mi hermana y willy, mi pajarita preciosa.
Mi portal, el 22, como no podía ser de otra manera…
El kiosco de abajo abandonado y roto.
Ya no está la panadería de Juan y Nemesio. Ahora hay un bloque de pisos nuevo y una tienda de ropa de niños.
Casi una hora subida en la bici con un pellizco en el estómago. Pero el lugar que me ha agarrado por dentro bien quietecita para que no moviera ni un pelo, ha sido la entrada del tunel. Apoyada en la valla verde, viendo la gente subir y bajar por la cuesta, he sido consciente de lo que significa revivir un momento. Proust dice que el pasado está escondido en un objeto material. Paul Auster, comenta al respecto que vagar por el mundo, por lo tanto es como vagar dentro de nosotros mismos.
Por eso esta mañana se puede decir que he estado paseando por mis entrañas.
Porque además de quedar grabados esos lugares en mi memoria, yo he quedado grabada de alguna manera en todos ellos.
Es decir, que con sólo volver a pasar por un lugar en el que he estado antes, por el que he pasado cientos de veces, mi memoria saca del archivo esas situaciones anteriores que viví allí, y en ese momento, estoy viviendo varias situaciones al mismo tiempo: muchas pasadas y una presente. Sin embargo la presente no existiría sin las otras, porque se convierte en el recuerdo de todo la anterior. Así, mientras camino, voy entrelazando el tiempo que pasó con el de ahora, manteniendo latente todo lo vivido.
Así que allí estaba yo, apoyada en la valla, viendo a Daniel Piñán llegando por la calle La Salud, a Fer cruzando la calle justo por la esquina de Cámara, la bici del Cifu pasandome por al lado, a mi hermana corriendo y a mi madre detrás de ella para cogerle la mano… Y todo ello años después de que sucediera, pero tan real como la primera vez.
Cuando he vuelto a pedalear para irme de allí, se me han caído un par. Pero sólo un par, de verdad.
jueves, 8 de noviembre de 2007
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1 comentario:
Yo recuerdo muchas cosas también, pero menos que tú. Recuerdo a las vecinas, y a su perros, y que me hacía ilusión cuando pasaban la virgen. Y cruzar el tunel para ir al colegio, de la manita, con el uniforme planchadito y echarle cinco duros al de la flauta.
Que ricos los pasteles para desayunar los domingos y los días de tostadas en la sartén.
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